Muchas veces oraba ante el Santísimo Sacramento.
-Cuando el embajador alemán en Madrid. Von Moltke, le exigió, por orden de Hitler, que antes de cuarenta y ocho horas España entrara en guerra a favor de Alemania [y al propio tiempo lo hacían los embajadores de Gran Bretaña y Estados Unidos], Franco respondió a todos que tenía que pensarlo. Se recluyó en la capilla y allí, ante el Santísimo Sacramento, oró intensamente.
Antes de las veinticuatro horas de estos hechos murió el embajador alemán Von Moltke, casi de repente (+22.03.43).
[En nota, Leopoldo Castro Lomana, capellán castrense, confirma que, después de esa velada le comunicaron la muerte repentina del embajador –por apendicitis-. Los trámites protocolarios de cambio de embajador aligeraron la tensión] -Un jefe militar residente en Zaragoza, al que en cierta ocasión convenía tratar personalmente de un asunto grave con el Caudillo, escribió al Jefe de la Casa Civil pidiéndole audiencia. Y recibió respuesta afirmativa, con una tarjeta en que constaba el día y hora de la audiencia. Fue de antemano a Madrid, y el día y hora señalados se presentó en el Palacio de El Pardo. Iba a entrar cuando el cabo de guardia le dijo que no podía pasar. Le rogó el jefe poder hablar con el oficial de guardia, el cual salíó muy atentamente. El jefe le presentó la tarjeta de la audiencia, y el oficial, como en reserva y en voz baja, le dijo: es verdad, tenía usted audiencia para hoy y esta hora, pero su Excelencia ha cancelado todas las audiencias de hoy, porque esta mañana ha rogado que expongan al Santísimo Sacramento en la capilla y dedica todo el día a la oración y a la reflexión. Y le añadió: así lo hace varias veces su Excelencia cuando tiene algún asunto muy grave y trascendental”.
R. Cayuela, S.J.. Un mensaje único en la Historia Universal II, Roca Viva, 9 (1976), p. 287
[lo confirma el testimonio antes referido de don Leopoldo Castro Lomana]
FFCE, 23
Un sacerdote y religioso que lo confesó en varias ocasiones refiere que cuando era seminarista acostumbrada a actuar de turiferario en las funciones litúrgicas de El Pardo. En un Jueves Santo sucedió lo siguiente: “en mi oficio de turiferario tenía yo a gala el poder moverme, durante las procesiones al Monumento y viceversa, muy próximo a su persona, procurando con la natural curiosidad de niño no perder un detalle. Una de las veces, situado frente al Monumento, se acercó una persona que parecía importante y le entregó un sobre. Yo no perdía detalle. Él, sin mirarlo siquiera, lo guardó en el bolsillo del capote. El mensajero pareció momentáneamente confuso y, tras un momento de vacilación, se atrevió a acercarse de nuevo y le dijo: “Excelencia, es muy urgente”. El Caudillo, con los ojos fijos en el Sagrario del Monumento, respondió: “más urgente es lo que estamos haciendo”.
El mismo sacerdote y religioso cuenta que, siendo estudiante, se recibía aviso de El Pardo de que el Caudillo rogaba a la comunidad que rezasen por una decisión importante que debería tomar. Son muchas las comunidades que recibían ese ruego del Caudillo.
FFCE, 24
Una tarde en que tuvo una reunión que se prolongó más de lo acostumbrado, al llegar por la noche a casa, como pasaba ya de las doce, no quiso cenar para poder comulgar al día siguiente, ya que entonces no se había mitigado aún la ley del ayuno eucarístico. Y esto lo hacía como la cosa más natural, sin darle ninguna importancia.
FFCE, 25
Seguía la Misa con el Misal de los fieles, con gran devoción. Después de la Misa, daba gracias con recogimiento admirable. Las manos prácticamente cruzadas delante del pecho, la cabeza baja –algo inclinada- y con una devoción total.
Lo mismo hacía en las cacerías. Todos los demás salían pronto de la capilla, uan vez terminada la Misa, pero el Caudillo permanecía allí, profundamente recogido, durante unos quince minutos dando gracias después de la Comunión.
FFCE, 26
La Sagrada Congregación de Ritos concedió a la comunidad benedictina de la abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos la facultad de celebrar, cuando se considerase oportuno, el rito mozárabe o antiguo rito hispano.
Cierto día se hizo esto en su presencia. Él lo siguió con la ayuda de un librito que se editó para la ocasión. Al final de la celebración le dijo al padre Abad: “¡Qué devoto es nuestro antiguo rito litúrgico!”
FFCE, 31
Un día al final de la celebración de la Misa, le hizo al capellán don Leopoldo Castro Lomana, una cariñosa admonición: “han equivocado ustedes una parte de la celebración”. Y le señalaba el error cometido mostrándole su propio misal.
FFCE, 31
A sus íntimos familiares los exhortaba al llegar y al salir de El Pardo a que visitasen al Santísimo Sacramento en la Capilla.
FFCE, 103