Humildad

“En tantas horas de conversación ni una sola vez habló de sí mismo; ni una vez habló de sus cosas; ni una vez refirió lo que él hizo; si acaso las refería en plural”

José María García Lahiguera, de la homilía en la Misa de difuntos por el alma de Franco

Boletín de Arzobispado de Valencia, dic. 1975, p 831-835

[le predicó ejercicios espirituales en 1949 y 1953]

FFCE, 96

[el autor le escribió el 15.11.1981 –ya era arzobispo dimisionario- preguntándole si conocía algo más que no hubiera dicho en la homilía. Le respondió el 25.11.1981 diciéndole que no tenía más datos. (¿es que se acomodó a la tónica reinante de desentenderse si ya no interesaba?)]

FFCE, 97

Javier Barcón Furundanera, S.J. [gran amigo de Franco y, por cierto, mago] predicó en 1964 los ejercicios.

Descripción detallada y temas en FFCE, 98-99

“un día apareció [Franco] por la mañana, vestido de uniforme y, disculpándose, dijo: “perdona que venga así, pero es que a continuación tengo que recibir al embajador francés, para un asunto que urge”.

FFCE, 99

[la foto de portada debe de ser de ese retiro porque indica que “el último día tuvieron una Misa final. Franco se colocó en el costado de la izquierda. Tenía un libro (el  Misal de los fieles) y siguió la Misa con gran fervor. Le llamó la atención el recogimiento que tuvo Franco en la acción de gracias después de la comunión] [aunque no es seguro porque en FFCE, 98 dice que la capilla estaba en la habitación donde falleció Alfonso XII, con un altar sencillísimo y unos reclinatorios de frente].

(palabras de un sacerdote que le confesó en varias ocasiones)

“siempre me impresionó hasta su postura externa de humilde soldado, arrodillado en un simple reclinatorio y cara a cara con el confesor”.

“Una de las veces que presté este servicio, cuando al terminar te daba el saludo de despedida clavándote aquellos ojos penetrantes, pero tiernos, y estrechando las manos, me atreví a decirle: -Excelencia, ¿puedo pedirle una cosa?; -sí, diga, diga –contestó él-; -hoy es el día de seminario X, quiero pedirle que rece usted por los seminaristas que se preparan al sacerdocio, pues confiamos mucho en su oración. –Siempre lo hago, siempre lo hago –me respondió enseguida, apretándome más fuertes las manos con las dos suyas y noté que lo hacía conmovido y sus ojos brillaron más”

FFCE, 101